Con una tasa de trabajo por cuenta propia de 47,1%, el país registra el nivel más alto entre los miembros de la OCDE. El dato refleja la fuerza del autoempleo, pero también la persistencia de la informalidad y la falta de empleos con estabilidad y protección social.
Un mercado laboral que crece, pero no siempre se formaliza
Colombia encabeza el ranking de autoempleo dentro de la OCDE. De acuerdo con el análisis difundido sobre el tema, el 47,1% de la fuerza laboral del país trabaja por cuenta propia, una proporción que la ubica por encima de otras economías del bloque y que confirma el peso del llamado “rebusque” en la vida laboral de millones de personas.
La OCDE define el autoempleo como el trabajo de empleadores, personas que trabajan por su cuenta, miembros de cooperativas de productores y trabajadores familiares no remunerados. Es decir, no todo trabajo por cuenta propia es informal, aunque en Colombia ambas realidades suelen ir muy de la mano.
Qué significa este dato para el país
En términos prácticos, el liderazgo de Colombia en autoempleo muestra una economía donde una parte importante de los ocupados depende de actividades independientes, pequeños negocios o soluciones de ingreso de corta escala. Esa lectura no solo habla de emprendimiento, sino también de una estructura laboral que todavía ofrece pocas alternativas formales para una gran cantidad de trabajadores.
El mismo análisis advierte que seis de cada diez nuevos empleos generados en 2026 corresponden a trabajadores independientes sin garantías plenas, mientras que en informes previos sobre el mercado laboral colombiano se ha señalado que la informalidad sigue concentrada precisamente en el trabajo por cuenta propia.
La otra cara del autoempleo
Aunque el autoempleo puede ser una vía legítima de generación de ingresos, en Colombia también suele funcionar como respuesta a la falta de empleo asalariado estable. Por eso, el dato debe leerse con cautela: detrás del crecimiento del empleo puede haber más ocupación, pero no necesariamente más calidad laboral. Esa es la principal paradoja que muestran los reportes recientes sobre el mercado de trabajo.
En el caso colombiano, buena parte de este fenómeno se relaciona con la persistencia de la informalidad laboral, un problema estructural que el propio bloque OCDE ha señalado como uno de los principales desafíos del país. La organización advierte que reducir la informalidad y ampliar la protección social sigue siendo una tarea pendiente para mejorar la calidad del empleo.
Un reto para la formalización
La lectura de fondo es clara: Colombia está generando ingresos y ocupación a través del autoempleo, pero todavía enfrenta dificultades para convertir ese movimiento en empleo formal, con aportes a salud, pensión y condiciones estables. En otras palabras, el país no solo necesita más trabajo, sino trabajo de mejor calidad.


